I sleep. Fantasies and memories flowing together like watercolors. “I don’t understand why I’m still me when I dream,” I say, and the waiter nods as he sets down my coffee.

A single drop of rain lands on the window, followed by more and more, and I lose track of who I am trying to be.

I wait for it to stop raining and by that time I am very old.

Morning comes, again, but I don’t recognize her under the cloud cover. When I was a child I would say that my clock must be wrong, but now all the clocks are the same so how can I explain that time doesn’t make sense?

I remember being filled with you, I remember being emptied of you, and I hold these thoughts in my palm like two ripe cherries joined at the stem.

When you were a young boy did you imagine that one day you would break hearts? Did you play with dogs and frogs knowing that eventually they would be dead and so would you?

I watch you as you finish reading a book and toss it aside as though you are glad it’s over. I am not you, so I open the book and let my eyes linger on the last word until the page yellows and molders to dust, together with my skin.

Katherine Oktober Matthews, spring 2019.


Duermo. Fantasías y recuerdos se entremezclan como colores de acuarela. “No entiendo por qué sigo siendo yo cuando sueño”, digo, y el mesero asiente con la cabeza mientras me sirve el café.

Una gota de lluvia solitaria aterriza en la ventana, luego otra y otra más, y pierdo la cuenta de quién intento ser.

Espero a que pare de llover y para entonces ya he envejecido.

La mañana regresa, pero no la reconozco en su manto de nubes. De niño siempre le echaba la culpa a mi reloj, pero hoy que todos los relojes marcan la misma hora, ¿cómo hago para explicar que el tiempo no tiene sentido?

Me recuerdo llenándome de ti, me recuerdo vaciándome de ti y sostengo estos pensamientos en la palma de la mano, como un par de cerezas maduras unidas por el rabillo.

¿Pensaste alguna vez siendo un muchacho que un día romperías corazones? ¿Jugaste con perros y con ranas sabiendo que con el tiempo morirían, igual que tú?

Te veo acabar un libro y lanzarlo lejos, como si te alegraras de haber llegado al final. Como no soy tú, lo abro y dejo que mis ojos se aferren a la última palabra, hasta que la página se vuelve amarillenta y se deshace, junto con mi piel.

Katherine Oktober Matthews, primavera de 2019. 


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